El día en que llegó Colón a una América que ya conocían europeos y asiáticos

El día en que llegó Colón a una América que ya conocían europeos y asiáticos

FacebookTwitteremailPrint El 12 de octubre se conmemora el descubrimiento de América pero si algo faltaba para dejar bien en claro que muchos europeos y asiáticos habían pasado por tierras americanas -antes de la llegada del genovés Cristóbal Colón (Cristoforo Colombo) al Caribe-, fue el decreto del entonces presidente estadounidense Barack Hussein Obama por el cual, […]

El 12 de octubre se conmemora el descubrimiento de América pero si algo faltaba para dejar bien en claro que muchos europeos y asiáticos habían pasado por tierras americanas -antes de la llegada del genovés Cristóbal Colón (Cristoforo Colombo) al Caribe-, fue el decreto del entonces presidente estadounidense Barack Hussein Obama por el cual, en 2016, incluyó entre las efemérides de ese país al 9 de octubre como el “Día de Leif Erikson”.
 
Leif (“El Afortunado), un vikingo islandés, fue uno de los cuatro hijos del noruego Erik Tordvalson (“El Rojo”) y de su esposa Theodhild, la que hizo levantar el primer templo cristiano de América en el Siglo X y cuyos restos aún se cuidan en Groenlandia, en esos más de dos millones de kilómetros cuadrados por los que Dinamarca se extiende en el continente americano.
 
Este reconocimiento tiene que ver, como lo señalara Obama, con su paso por los actuales Estados Unidos de América donde fundase diversos emplazamientos, luego abandonados, como el de la actual Nueva York, siglos antes de que los Países Bajos la recreasen como Nueva Amsterdam, tomada luego por el Duque de York, el más tarde Jacobo II de Inglaterra, quién la rebautizara con su título nobiliario.
 
Pero si bien la historia vikinga ya ha sido bastante difundida, hubo otras historias de quienes recorrieron el luego llamado “Nuevo Mundo” procedentes de lugares tan distantes como China, cuando, durante la expedición de la Vuelta al Mundo liderada por el almirante Zheng He, una parte de sus barcos recorriera la costa atlántica argentina liderada por el almirante Zhou Man, oportunidad en la que desembarcaron en 1422 en Cabo Blanco, en la Provincia de Río Negro.
 
Sin embargo es muy poco conocido todo lo relacionado con la instalación de vascos en la isla de Terranova, de la que hay constancias datadas en 1432, la que se utilizaba para la pesca de ballenas. Mientras, los galeses, persiguiendo los cardúmenes de bacalao también se desplegaron por las costas canadienses enviados por el señor feudal galés Richard Ameryke, un rico comerciante, real funcionario de aduanas cuyo nombre tiene más que ver con el continente que el del florentino Américo Vespucio como lo muestran algunas investigaciones más recientes.
 
Los vascos fueron los únicos, en territorio ibérico, que habían logrado no ser ocupados por los musulmanes tras la invasión mora liderada por Djeb El Tarik (Gibraltar), gobernador de Tánger, en 711, y desde entonces, negociando y combatiendo, habían mantenido su autonomía y desarrollado su economía al punto de que, siglos después, tenían los mayores astilleros europeos y una metalurgia recién superada por los británicos durante la “Revolución Industrial” en circunstancia en que las industrias de Euskera y Catalunya habían sido destruidas por el rey Carlos I quién reprimarizó la economía española.
 
Carlos I, el que con los metales preciosos americanos y las deudas contraídas con banqueros austríacos y genoveses comprara el título de emperador del Sacro Imperio Romano Germánico como Carlos V, asumió en España en 1516 y en 1522, asociado a los “Señores de la Mesta”, los grandes ovejeros exportadores de lana, puso fin a los reclamos de los industrialistas (comuneros) liderados por el segoviano Juan de Padilla, en la batalla de Villalar.
Hubo más. El italiano Giovanni Caboto, padre del Juan Sebastián Caboto que recorriera el Río Paraná y fundara el fuerte de Sancti Spiritu, estuvo en costas canadienses enviado por el galés Richard Ameryke.
Ameryke tenía una flota pesquera que había llegado a Terranova hacia 1479 y contrató a Caboto para que hiciera el “descubrimiento” oficial. La documentación fue encontrada en Inglaterra en 1955 y prueba que Colón, antes de viajar a América recabó información en Bristol, desde donde operaban los pesqueros de Ameryke. Es posible que la bandera estadounidense esté inspirada en el escudo de armas de Ameryke que era muy parecido al de George Washington, origen de la actual enseña.
 
De hecho, en 1428 ya existía un mapamundi completo, tras la vuelta al mundo de los chinos, llevado a Venecia, desde donde llegó a Portugal llevado por el hermano del príncipe Enrique “El Navegante”; mapa que fue reconstruído en 1513 por el almirante otomano Piri Reis donde aparece América del Sur y que hoy ilustra el papel moneda turco. Colón inició una conquista deliberada y se especula con un viaje preparatorio previo al de 1492. Éste no fue solventado con las joyas de la reina Isabel I, como fue según el relato tradicional, sino por el financista judío Luis de Santángel.
 
La única duda sobre su conveniencia la planteó, en la corona castellana, el obispo Hernando de Talavera y se relacionaba con la capacidad de las naves para semejante viaje pero el éxito del mismo hizo que fueran los miles de kilos de oro y los millones de plata de México y el Alto Perú los que habilitaron el intento español de globalización, planteado más tarde por el canciller de Carlos I, el cardenal piamontés Mercurino Arborio di Gattinara. En paralelo, fue el oro brasilero facilitó la Revolución Industrial británica en el Siglo XVIII.
 
Mencionada la casi seguridad de que el nombre de América proviene del galés Ameryke, hay que señalar que tampoco el origen del término Argentina para nuestro país tuvo como creador a Martín del Barco Centenera, quién lo popularizó con su oda. A comienzos del Siglo XIII, leyenda templaria mediante, el término ya existía. Dicha leyenda dice que los templarios explotaban plata en el Alto Perú cuando, tras la muerte de Arthur Pendragon, el “Rey Arturo”, de Cornualles, los “Caballeros de la Mesa Redonda”, se dirigieron a estas tierras.
 
Vale como testimonio el poema “Oda a Parsifal” del bardo bávaro Wolfram von Schenbach, escrito hacia 1215, que expresa “En qué lejana cordillera podrá encontrar a la escondida Piedra de la sabiduría ancestral que mencionan los versos de los veinte ancianos, de la isla Blanca y de la estrella Polar. Sobre la montaña del Sol con su triángulo de luz surge la presencia negra del Bastón Austral, en la Armónica antigua que en el sur está. Sólo Parsifal, el ángel, por los mares irá con los tres caballeros del número impar, en la Nave Sagrada y con el Vaso del Santo Grial, por el Atlántico Océano un largo viaje realizará hasta las puertas secretas de un silencioso país que Argentum se llama y siempre será”.
 

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