El siempre fantástico cerebro de Javier Milei

El siempre fantástico cerebro de Javier Milei

Muchas personas, especialmente en la política, pregonan valores que no son los que aplican en sus vidas. En algunas de ellas, se trata de un acto de cinismo. En otras, de disociación

A lo largo de la historia, los seres humanos han constituido familias de diversos tipos y formas. Los estudiosos del tema coinciden en que el núcleo familiar considerado ideal durante gran parte del siglo XX –integrado por un padre, una madre, y dos o tres hijos—fue, apenas, el emblema de un período efímero. Ni un modelo universal ni nada que se le parezca. En el mundo occidental, aquel formato seguramente sea el mayoritario. Pero también hay familias con dos padres, con dos madres, con una madre, con un solo padre, hay familias ensambladas, hay personas que prefieren no tener hijos pero sí pareja, o tener hijos sin pareja, hay parejas constituidas entre un hombre y una mujer trans, entre una mujer trans y un hombre trans, y así. Que nadie tenga derecho a meterse en lo que otro decide para su vida es un gran triunfo del liberalismo sobre, por ejemplo, las concepciones religiosas.

Una de las personas más audaces y libres en la manera en que concibe la conformación de su familia es, justamente, Javier Milei. El candidato libertario, como se sabe, ha explicado muchas veces que su familia son sus cuatro perros, a uno de los cuales considera su hijo, mientras a los otros tres define como “sus nietitos”, y son, en realidad, clones del primero. Milei ha contado, además, que su hermana, para quien dijo que reserva el rol de Primera Dama si llegara a ser Presidente, es la tía de su hijo Conan. No se trata de una metáfora para expresar el profundo amor que tiene alguien por una mascota -”los quiero como si fueran mis hijos”- sino de una convicción profunda. Milei responde con una agresividad desafiante cuando alguien se atreve a señalarle que su familia tal vez no entre dentro de la categoría “familia”.

Argentina es un país especialmente tolerante hacia las conductas diversas en materia familiar y sexual, gracias a modificaciones que se han producido en las últimas décadas: la ley de divorcio vincular, el matrimonio igualitario, la reforma a la ley de patria potestad, la ley de identidad de género y la educación sexual integral, entre otros avances. Ese recorrido refleja la incorporación de valores que, básicamente, sostienen la idea de igualdad de derechos entre hombres y mujeres, la libertad de cada uno para elegir su propia identidad sexual por disruptivo que les parezca a otros, la educación de los niños en la tolerancia a las personas distintas a ellos y en el respeto a su propio cuerpo. La libertad, afortunadamente, ha avanzado mucho en estas décadas de democracia. Para alguien que elige formar su familia con perros eso podría ser un resguardo, una esperanza de que no va a ser discriminado, agredido o marginado por una conducta que, en principio, a otras personas puede resultarle llamativa.

Pese a ello, esta semana, Milei dio una respuesta sobre la Educación Sexual que contrasta con su propia vida. “Esta es parte de la agenda del posmarxismo -dijo-; esa agenda posmarxista tiene que ver además con la destrucción del núcleo más importante de la sociedad que es la familia. Y es un ataque directo contra la familia. También está vinculado con otras cosas, tiene que ver con el ecologismo. Y ahí aparecen otros problemas: quieren exterminar la población, con esta idea de cuidemos el planeta, a punto tal de eliminar a los seres humanos”.

Al lado de Milei, asentía Victoria Villarruel, la candidata a vicepresidenta. Victoria, como Karina -la hermana del candidato-, es soltera: ese es el formato de familia que, con todo derecho, eligió o pudo armar hasta ahora. Según Victoria, eso se debe a que la pasión política no le dejó espacio para otro proyecto –algo así le dijo hace diez días a Luis Novaresio. En el mundo occidental cada cual elige su jerarquía de valores: por eso sus decisiones, como las de cualquiera, no deben ser juzgadas por nadie que no sea ella misma.

La lucha de Milei contra la Educación Sexual Integral no es un elemento marginal en su programa. En octubre del año pasado, tuvo el siguiente diálogo con Diego Sehinkman, en Todo Noticias.

-Me opongo a que el Estado utilice la violencia que usa para cobrar impuestos para lavarle el cerebro con la ideología que vos quieras en la versión sexual. Es un mecanismo por el cual lo que se hace es deformarle la cabeza a la gente.

– Mal usada, Javier. Mal usada -le respondió Shenkman-. Tu cuerpo es tu cuerpo. Nadie puede tocarte. Está bien que se enseñe eso.

-¿Y qué? ¿En tu casa no te van a enseñar eso? Y, de última, cuando vos decidís dónde estudian tus hijos, vos decidís, y no lo que baja del Estado, que tiene la línea de impulsar toda la ideología de género. Y todo termina, en estas cosas, digamos, entregando muñecas de color.

-¿Te molesta la herramienta o la utilización de la herramienta?

-Es ingenuo pensar que no va a ser usada de esta manera.

-¿Por qué? Hay miles de colegios que la usan bien…

-¿Qué es bien? ¿Quién define lo que está bien? Primer punto. ¿Tengo alguien omnipresente, omnipotente, que sabe lo que está bien o lo que está mal? Pero no solo eso. No solo eso. En la mayor parte de los casos se utiliza para adoctrinamiento. Esto es parte del socialismo.

-Yo tengo dos hijas. Van a colegios normales. No le lavan la cabeza. Le dan registro corporal.

-Puede ser la excepción que confirma la regla. Tenemos una muestra sesgada. La gran mayoría de la gente recibe adoctrinamiento. Utilizan el colegio para perseguir a los que piensan distinto, para impulsar el socialismo.

En este recorrido, hay algunos elementos que permiten, al menos, preguntarse sobre la manera en que funciona el cerebro de Milei: cómo construye teorías, cómo se relaciona con la realidad. Es todo un tema, porque podría ser Presidente en pocos meses.

En principio, hay una disociación entre lo que el candidato dice y lo que hace. Milei se opone a la ESI porque ataca a la familia que es la célula básica de la sociedad. Es un argumento de hace medio siglo, cuando la Iglesia se oponía al divorcio vincular porque destruía a la familia “que es la célula básica de la sociedad”. Entonces, dos personas que dejaban de amarse no se podían separar legalmente.

Pero la familia de Milei -constituida por él y cuatro perrazos- no representa en nada aquella idea. Es más: es exactamente lo opuesto. La vida suele ser un recorrido complejo en el cual los seres humanos no siempre pueden ser coherentes con sus valores. Pero este es un caso extremo. Se supone que un Presidente, además de gobernar un país, expresa valores en su conducta. Si él cree que la familia clásica es la célula básica de la sociedad: ¿no sería conveniente que postule a un presidente cuya conducta esté acorde a valores tan esenciales? ¿No sería en este caso un mal ejemplo para difundir aquello que él mismo considera básico para la supervivencia social?

El domingo pasado, en la Feria del Libro, hizo un chiste sobre este tema. “Parece que ahora no ser casado es un factor inhibitorio para ser Presidente… No estoy casado”, deslizó. Y luego: “Me imagino que alguna de las muchachas que están en el público se va a ofrecer para resolver esa problemática”. Ese fragmento permite formular preguntas sobre sus frenos inhibitorios y sus límites morales. Pero, además, ¿cómo se relaciona con la “célula básica de la sociedad”?

Muchas personas, especialmente en la política, pregonan valores que no son los que aplican en sus vidas. En algunas de ellas, se trata de un acto de cinismo. En otras, de disociación. Habrá que ver en cuál de esas tipologías encaja Milei. Pero en la relación entre sus familias -la ideal y la real- hay una señal de que no siempre hace lo que dice que hay que hacer. Es más: puede hacer exactamente lo contrario. Eso ya se puede ver en otros aspectos de su recorrido político. Por ejemplo, en su repudio teórico a “la casta” y sus evidentes relaciones con “la casta”, que incluyen a un hijo de la familia Menem, a otro de la familia Bussi, a otro de la familia Urtubey y al abogado de la familia de Lazaro Baez, entre tantos otros casos.

Hay otro elemento que aparece expuesto en la manera en que Milei expone sobre la educación sexual. Para Javier, existe una conspiración en alguna parte del planeta donde alguna gente muy poderosa ha planeado, por un lado, destruir la célula básica de la sociedad mediante la educación sexual integral y, por el otro, exterminar a los seres humanos mediante el cuidado extremo del planeta. Son afirmaciones tremebundas. ¿Estará pasando realmente eso? Para ser creídas, incluso por él mismo, esas afirmaciones deberían apoyarse en datos. ¿Quiénes son los conspiradores? ¿Dónde se reunieron? ¿De qué manera operan los “posmarxistas”?

A primera vista, la educación sexual forma parte de una búsqueda de las sociedades liberales para que los niños y niñas puedan hablar sobre un asunto que suele ser tabú. Es un territorio, por cierto, delicado. Seguramente, se cometen errores y esos errores pueden ofender a algunas personas. Pero eso no permite concluir que, en realidad, sea un método para inocular socialismo. Por otra parte, también hay un consenso mundial y científico muy amplio acerca de los serios problemas que genera el calentamiento global.

Si Milei cree que ambas cosas son parte de la misma conspiración “posmarxista” para dominar al mundo, debería ofrecer algún dato. Por ejemplo, en estos días calificó a Ricardo Lopez Murphy como “traidor”, “pseudoliberal” y “psicópata”. ¿Será el ex ministro parte del plan posmarxista? ¿O solo funcional a él? Al contrario, en tren de ser conspirativos, alguien parecido a Milei podría argumentar que su elección como presidente sería una gran estrategia del posmarxismo para desintegrar la sociedad. Sería entrar en un terreno muy extraño, pero no muy distinto al actual.

El pensamiento político ha estado siempre cruzado por teorías conspirativas donde hay personas malísimas que elucubran un plan para destruir la civilización. En distintas épocas han sido los judíos, los comunistas, las corporaciones, los banqueros, los medios de comunicación, los jueces, los políticos, las brujas, los protestantes, o todos ellos juntos. Alejandro Dolina solía hacer un chiste: “Sabemos que hay una conspiración en marcha. Lo que no sabemos es hacia dónde”. Lo de los posmarxistas que usan la educación sexual y la lucha contra el cambio climático para destruirnos es un salto de calidad en ese camino. Si gana la Presidencia tendremos, como se ve, un presidente muy conspirativo. Habrá enemigos por todas partes, molinos de viento al este y al oeste.

En este marco, se pueden entender muchas de sus propuestas. Se trata de un cerebro que trabaja febrilmente -demasiado febrilmente- y llega a conclusiones indiscutibles sobre temas complejos tan variados como el arancelamiento de la salud pública, los vouchers educativos, la eliminación del Banco Central, la dolarización, la unificación entre fuerzas de seguridad y militares, la libre tenencia de armas, la represión de la protesta social, y la solución para el conflicto por las islas Malvinas. Sobre lo que sea tiene una solución que se cae de maduro.

Ese cerebro fascinante está decidido a dar un combate fantástico contra el socialismo, para erradicar el socialismo de la mente de los argentinos. Cualquiera que utilice sus cinco sentidos, llegará a la conclusión de que el socialismo no tiene demasiada fuerza en un país donde rige la propiedad privada. Para algunas personas hay demasiada intervención estatal, exagerados impuestos, regulaciones irracionales, inflación disparatada. Pero, ¿socialismo? Si un Presidente pelea contra cosas que no existen probablemente genere problemas allí dónde no los hay, y acentúe los que ya existen. Ya lo hemos vivido, aunque no necesariamente en esta dimensión.

Tal vez sea necesario que la sociedad escuche atentamente a Milei. En cada una de sus intervenciones y reportajes hay indicios muy fuertes de su personalidad y de la solvencia de sus propuestas. Parece sencillo deducir de ellas lo que pasaría en caso de que la mitad más uno de los argentinos decidiera votarlo en una segunda vuelta.

En cualquier caso, tiene un punto fuerte. Hace unos meses, tuve oportunidad de plantearle que su eventual llegada a la Casa Rosada sería un problema para el país, pero también para él mismo, porque un Presidente está sometido a una presión psicológica extrema que, tal vez, él no resistiría.

-¿Vos decis que estoy chiflado?—me preguntó.

-Un poco—le dije.

Sonrió, con esa sonrisa suya tan extraña.

-¿Y estos que están ahora?¿No están chiflados?

Crease o no, se viene una elección donde ese será uno de los debates.

¿Quién está más chiflado? ¿Él o los que suelen gobernarnos?

Temazo, ¿no?

Un psiquiatra ahí.

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